METODOLOGIA PARA LA
ENSEÑANZA DE LA HISTORIA III. SESION 4. ACT.2
Características más importantes de las
competencias que presenta el texto: competencia
social y ciudadana cooperación y colaboración.
Este
texto contiene ideas y conceptos que son muy importantes, para la función
docente ya que resalta la función vital que tiene la escuela en la formación de
competencias básicas para la convivencia: “la
escuela es la institución donde mejor se pueden enseñar hábitos de comportamiento cívico”.
Las competencias
cívicas que más se resaltan en el texto son: adopción de conductas de
participación democrática, la convivencia social y política y la participación
ciudadana.
Enfatiza
que la participación democrática de los alumnos se genera y circunscribe en la escuela,
la comunidad, la sociedad en general, la convivencia cotidiana y la familia.
Hoy
en día resulta necesario que los alumnos adquieran en las escuelas, a través de
sus maestros, las competencias básicas ya mencionadas para que el alumno
trascienda a una vida cívica. Claro, que como ya se dijo la familia tiene una
gran relevancia en la educación cívica; pues es el ámbito primario donde se
desarrolla la afectividad y por ese motivo es donde aprendemos a valorar la
realidad y nuestro lugar en la sociedad. El
desarrollo afectivo familiar es la base del aprendizaje de conductas cívicas,
ya que la responsabilidad, el respeto o la disciplina son actitudes y, porque
no, competencias básicas que se adquieren en el entorno familiar, desde el cual
aprenderá todas las demás.
La
escuela situara al niño y al adolecente en un esquema de valores más amplios y
complejos donde aprenderá a enfrentar conflictos y problemas. En este espacio
educativo el alumno alcanzara las características del ciudadano bueno: responsable, justo y
solidario.
Los
autores plantean que la participación cívica se inicia desde muy temprana edad.
Y va madurando con el paso del tiempo.
De 0 a
6 años.
En
sus familias aprenden a participar en la vida familiar, al reparto de
responsabilidades, a observar normas (autoridad de sus padres) y cierto grado
de libertad para que las normas no se conviertan en camisa de fuerza.
De 6 a
12 años.
La
escuela le aporta a los niños el fortalecimiento de los valores ya alcanzados y
se enfatiza la formación de competencias y valores democráticos: todas las
personas son igualmente valiosas, el respeto a las diferencias, la no
violencia, la justicia, la colaboración, la solidaridad, la iniciativa
personal, entre otros.
De 12 a 18 años.
En
esta edad es importante desarrollar en ellos proyectos de servicios o
voluntariado en la comunidad. En esta etapa les interesa el concepto de
nacionalidad, ciudadanía, estado o pueblo. Es el momento para educarlo en la
ciudadanía democrática que lo lleva a desarrollar, analizar, debatir, y razonar
sobre la realidad social.
Los
jóvenes atraviesan un momento de rebeldía ante su realidad que, sin embargo,
puede ser encausado positivamente hacia la participación cívica.
El
autor sugiere la posibilidad de establecer en nuestro currículo el
(service-learning) aprendizaje-servicio. En estos programas (norteamericanos)
los alumnos trabajan en algún servicio a la comunidad: limpieza de bosques o
playa, servicios sanitarios o comunitarios, en programas de solidaridad, etc.
De esta manera los jóvenes viven la participación cívica y democrática y no
solo lo tiene como concepto.
En
conclusión la autora pretende que la educación cívica sea práctica en la
escuela, en la sociedad, en la vida de los jóvenes. La educación cívica nos
conducirá a formar buenos ciudadanos que participen en la solución de los
problemas escolares y comunitarios, con capacidad de decisiones libres,
informadas, prestadoras de servicios, responsables, negociadores, tolerantes,
etc.
La
escuela y los maestros tenemos mucho que hacer en la formación de este tipo de
ciudadano ya que creo que no le hemos dado la importancia que reviste para la
tranquilidad, la paz y la justicia social el hecho de formar buenos ciudadanos
en nuestras escuelas. Muchos problemas que tenemos y sufrimos actualmente
se verían reducidos si padres y
maestros asumimos con responsabilidad nuestra labor afectiva y efectiva de
generar valores en nuestros niños, adolescentes y jóvenes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario