viernes, 7 de febrero de 2014

COMENTARIO SOBRE LECTURAS DE COMPETENCIA CIUDADANA




METODOLOGIA PARA LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA III. SESION 4. ACT.2

Características más importantes de las competencias que presenta el texto: competencia social y ciudadana cooperación y colaboración.

Este texto contiene ideas y conceptos que son muy importantes, para la función docente ya que resalta la función vital que tiene la escuela en la formación de competencias básicas para la convivencia: “la escuela es la institución donde mejor se pueden enseñar hábitos  de comportamiento cívico”

Las competencias cívicas que más se resaltan en el texto son: adopción de conductas de participación democrática, la convivencia social y política y la participación ciudadana.
Enfatiza que la participación democrática de los alumnos se genera y circunscribe en la escuela, la comunidad, la sociedad en general, la convivencia cotidiana y la familia.

Hoy en día resulta necesario que los alumnos adquieran en las escuelas, a través de sus maestros, las competencias básicas ya mencionadas para que el alumno trascienda a una vida cívica. Claro, que como ya se dijo la familia tiene una gran relevancia en la educación cívica; pues es el ámbito primario donde se desarrolla la afectividad y por ese motivo es donde aprendemos a valorar la realidad y nuestro lugar en la sociedad. El desarrollo afectivo familiar es la base del aprendizaje de conductas cívicas, ya que la responsabilidad, el respeto o la disciplina son actitudes y, porque no, competencias básicas que se adquieren en el entorno familiar, desde el cual aprenderá todas las demás.
La escuela situara al niño y al adolecente en un esquema de valores más amplios y complejos donde aprenderá a enfrentar conflictos y problemas. En este espacio educativo el alumno alcanzara las características  del ciudadano bueno: responsable, justo y solidario.
Los autores plantean que la participación cívica se inicia desde muy temprana edad. Y va madurando con el paso del tiempo.

 De 0 a 6 años.
En sus familias aprenden a participar en la vida familiar, al reparto de responsabilidades, a observar normas (autoridad de sus padres) y cierto grado de libertad para que las normas no se conviertan en camisa de fuerza.

 De 6 a 12 años.
La escuela le aporta a los niños el fortalecimiento de los valores ya alcanzados y se enfatiza la formación de competencias y valores democráticos: todas las personas son igualmente valiosas, el respeto a las diferencias, la no violencia, la justicia, la colaboración, la solidaridad, la iniciativa personal, entre otros.

De 12 a 18 años.

En esta edad es importante desarrollar en ellos proyectos de servicios o voluntariado en la comunidad. En esta etapa les interesa el concepto de nacionalidad, ciudadanía, estado o pueblo. Es el momento para educarlo en la ciudadanía democrática que lo lleva a desarrollar, analizar, debatir, y razonar sobre la realidad social.
Los jóvenes atraviesan un momento de rebeldía ante su realidad que, sin embargo, puede ser encausado positivamente hacia la participación cívica.

El autor sugiere la posibilidad de establecer en nuestro currículo el (service-learning) aprendizaje-servicio. En estos programas (norteamericanos) los alumnos trabajan en algún servicio a la comunidad: limpieza de bosques o playa, servicios sanitarios o comunitarios, en programas de solidaridad, etc. De esta manera los jóvenes viven la participación cívica y democrática y no solo lo tiene como concepto.
En conclusión la autora pretende que la educación cívica sea práctica en la escuela, en la sociedad, en la vida de los jóvenes. La educación cívica nos conducirá a formar buenos ciudadanos que participen en la solución de los problemas escolares y comunitarios, con capacidad de decisiones libres, informadas, prestadoras de servicios, responsables, negociadores, tolerantes, etc. 

La escuela y los maestros tenemos mucho que hacer en la formación de este tipo de ciudadano ya que creo que no le hemos dado la importancia que reviste para la tranquilidad, la paz y la justicia social el hecho de formar buenos ciudadanos en nuestras escuelas. Muchos problemas que tenemos y sufrimos  actualmente  se verían reducidos si padres  y maestros asumimos con responsabilidad nuestra labor afectiva y efectiva de generar valores en nuestros niños, adolescentes y jóvenes.

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